sábado, abril 28, 2012

Travesía MMXII - 1 - Singladura 1

Nos disponemos a comenzar una travesía muy especial. Por un lado, porque la mayoría de los tripulantes nunca ha dormido a bordo de ningún barco (alguno confiesa que la experiencia más marinera que ha hecho ha sido en las barcas del Retiro, de Madrid); por otro, porque hace tiempo que el YULUKA no sale a navegar varios días.

Tenemos muchos planes y poco tiempo: Tabarca, Santa Pola, Cartagena, Alicante...

El primer inconveniente es que, aunque había intención de zarpar a primera hora de hoy, un imprevisto en los rodetes del sail drive nos obliga a una reparación de última hora, por lo que el barco, que ha pasado en varadero casi tres meses, aún tiene que esperar unas horas más antes de irse al agua.

No obstante, la espera permite que los grumetes recién enrolados aprendan o practiquen cómo hacer nudos.

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Por fin, a las 13:00 se logra poner a flote y se vuelve a comprobar que el Principio de Arquímedes continúa siendo válido.

Esta inmutabilidad de las Leyes de la Física nunca dejará de maravillarme.














Estibamos el equipaje y enfilamos la bocana del Puerto de S. Pedro del Pinatar a eso de las 16:00. Había cierta prisa, porque la previsión meteorológica nos vaticinaba vientos de 35 nudos a partir de las 18:00 y queríamos que nos pillaran en puerto. ¿En cuál? El retraso nos hizo cambiar el destino deseado y, aunque los portantes nos hicieron volar hasta picos mantenidos de 9,8 nudos sólo con el génova desplegado, tuvimos que renunciar a llegar a Santa Pola, conformándonos con Torrevieja, donde llegamos a las 17:30. Poco tiempo para casi 10 millas.

Para los nuevos grumetes, la climatología no era de las que crean afición. A ratos llovía y había una cierta mar de fondo. Pese a ello, respondieron bien y antes de las primeras cinco millas ya intuía que nos íbamos a divertir durante todos los días restantes. No eran las condiciones que se sueñan cuando uno ve los anuncios que nos venden la náutica sin contratiempos y, aun así, decían divertirse. Una preocupación menos para el patrón.

Nos dieron amarre en una T de la Marina Internacional. El barco apenas se movía pese a la que estaba cayendo fuera.

Sin duda, lo que más agradeció la tripulación al llegar a puerto fue la posibilidad de una ducha caliente. En eso, este puerto tiene ventaja sobre otros. A continuación, un paseo por la ciudad, que la mayoría nunca había pisado anteriormente, la cena -obligada cuando se arriba a Torrevieja- en "Los Granaínos" (muy a mano del puerto y con género del que resucita a un muerto) y a la búsqueda de que la posición horizontal en cabina restituya las fuerzas, ya que las ilusiones permanecían intactas.

(continúa)

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